QUIÉNES SOMOS / INTRODUCCIÓN
La historia de la Tierra se prolonga desde hace miles de millones de años, a lo largo de los cuales se han sucedido eventos que la han modelado, dando lugar al panorama que hoy conocemos: océanos, montes, volcanes, valles, ríos, etc.
El hombre llega a un universo dispuesto en acogerlo con todos sus recursos y, a pesar de ser infinitamente pequeño frente al cosmos, sus acciones adquieren un efecto rompedor con el paso de los siglos, justamente como enuncia la teoría del caos, según la cual las pequeñas variaciónes en las condiciónes iniciales producen grandes variaciónes en el comportamiento a largo plazo de un sistema.
Un ecosistema sano mantiene una capacidad natural de producir, en cantidad estable, los recursos necesarios para las especies vivientes que lo pueblan.
Sin embargo, el deterioro del hábitat natural se ha convertido hoy en una auténtica amenaza.
El hombre ha convertido casi la mitad de las zonas de la Tierra libres de glaciales, causando graves efectos sobre el resto de la naturaleza. Selvas convertidas en zonas agrícolas, ríos encauzados, zonas húmedas saneadas, territorios cementados para construir carreteras y ciudades: cada año se pierden alrededor de 16 millones de hectáreas de cubierta forestal, las zonas con los mayores niveles de biodiversidad.
Para detener este deterioro ha de hallarse un modo de vida que pueda estar dentro de las capacidades de carga de los ecosistemas.
Las actividades del hombre se han desarrollado a lo largo del tiempo de una manera cada vez más industrializada y prestando cada vez menor atención a las repercusiones de todo ello en el medio ambiente circundante.
La contaminación atmosférica es un conjunto de efectos nocivos que altera la biosfera repercutiendo, como consecuencia, en el hombre.
Dichos efectos dependen de un conjunto de factores que modifican los equilibrios existentes, siendo liberados a menudo en el aire como subproductos de la actividad humana.
Por lo tanto, se emiten a la atmósfera sustancias que no estarían presentes en la composición natural del aire y que, precisamente por ello, producen un efecto nocivo en el hombre, en los animales y en la vegetación.
En los últimos tiempos estamos asistiendo al interés de la comunidad internacional por el estado de la Tierra, con el intento común de alcanzar el umbral de la sostenibilidad.
Éste debería ser el metro de valoración del consumo de recursos y de la producción de residuos, determinada por un único contexto, y es la medida de lo alta que es la diferencia entre recursos reales y explotación excesiva de los mismos.
Active Clean Air & Antibacterial Ceramic™ se propone, pues, como una herramienta con la que se pretende recuperar parte de esos impactos medioambientales generados por nuestro sistema de vida, reduciendo los efectos provocados diariamente por la contaminación y el “smog” y respetando el ecosistema gracias al mecanismo natural de la fotocatálisis.
Los esfuerzos puestos en marcha por el protocolo de Kyoto para frenar el cambio climático están llevando al nacimiento de una nueva generación de materiales, capaces no sólo de procurar menores repercusiones en el medio ambiente a lo largo de su ciclo de vida, sino, sobre todo, de producir una acción útil para mejorar la calidad del aire.
Desde esta óptica, Active Clean Air & Antibacterial Ceramic™ se coloca como material de elección, al perfilarse como socio excelente en las políticas de reducción de los principales gases responsables de la contaminación atmosférica y de la lluvia ácida.






